Diferentes metodologías
Esta semana me gustaría hablaros acerca de las diferentes metodologías que he podido observar en el aula.
Como ya os comenté en mi primera entrada del blog, estoy dividida entre las dos especialistas de inglés del centro. Hemos decidido organizarme de forma que paso la mañana antes del recreo con la especialista de Infantil, 1º y 2º ciclo, y después del recreo, acompaño a la especialista de 3º ciclo.
Y lo cierto es que la diferencia entre una y otra es increíble. Las metodologías que emplean apenas se parecen (al menos según lo que he observado hasta ahora). Mientras una de ellas utiliza constantemente recursos que estimulan al alumnado (como flashcards, canciones, juegos, dinámicas grupales, etc.), la otra opta por un enfoque mucho más tradicional y calmado, centrado en la explicación, la realización de actividades y su posterior corrección.
En el primer caso, las clases son muy dinámicas. El alumnado suele estar a tope de energía y se mantiene activo durante toda la sesión. Sin embargo, en ocasiones me da la sensación de que tanto movimiento y estímulo puede dificultar el control del aula, e incluso hacer que algunos alumnos pierdan el hilo o no lleguen a entender del todo los contenidos, también siento que avanzan más lentos, ya que para que adquieran los conocimientos con esta metodología hay que repetir muchas veces el contenido.
Por el contrario, en las clases del tercer ciclo se respira un ambiente más tranquilo. Aunque la metodología es más convencional, se apoya bastante en herramientas digitales: los estudiantes trabajan los mismos contenidos del libro, pero en formato digital, o visualizan vídeos relacionados con los temas. La estructura es clara y los alumnos saben qué se espera de ellos. Aun así, echo en falta algún componente más lúdico o motivador que rompa con la rutina.
Tengo la sensación de que estoy experimentando dos extremos: una clase en la que a veces me cuesta seguir el ritmo, y otra que, aunque efectiva, se me queda algo corta en cuanto a creatividad y variedad.
Esta experiencia me está ayudando mucho a reflexionar sobre qué tipo metodologías, técnicas y estilos de enseñanza utilizar en el aula. Creo que encontrar un equilibrio entre ambos es clave: aprovechar los beneficios de una enseñanza activa, motivadora y vivencial, pero sin perder la estructura, la claridad y la atención a los objetivos curriculares. Quizá la clave esté en adaptarnos, no solo al grupo-clase, sino también al momento del día, al tipo de contenido y, sobre todo, a las necesidades concretas de cada alumno.
Contadme qué opináis o si os pasa algo parecido. ¡Espero que os siga yendo todo genial!
¡Hola! Me ha encantado tu entrada porque justo llevo dándole vueltas a este tema estos días también. Es súper interesante ver los dos enfoques tan distintos que comentas, y me parece genial que tengas la oportunidad de observar ambos. ¡Es un aprendizaje brutal!
ResponderEliminarYo también creo que encontrar un equilibrio entre lo lúdico y lo estructurado es clave. Muchas veces nos venden la idea de que cuanto más dinámico y divertido, mejor… pero luego ves que eso también tiene sus complicaciones: el control del aula, el ritmo de aprendizaje, la necesidad de repetir muchísimo para que el contenido sea útil, como tú dices.
Por otro lado, lo tradicional tiene ese punto de claridad que a veces se agradece (sobre todo con los más mayores), pero también me pregunto si a la larga no se desmotivan un poco, especialmente los que necesitan moverse más o aprender de forma más visual/activa.
También me he fijado en cómo influye el momento del día, como mencionas. ¡No es lo mismo dar una clase súper activa a primera hora que justo después del recreo! ¿No os pasa que a veces los peques vienen con demasiada energía y cuesta volver a centrarles?
Algo que he pensado es que, cuando somos profes novatos, es fácil tender un poco más hacia lo tradicional, porque es como nos lo han enseñado a nosotros cuando éramos peques. Entonces es como aprender otra vez para poder enseñar de una forma distinta. También creo que la experiencia te da ese plus de seguridad que necesitas para poder lanzarte a ser más flexible o probar cosas nuevas, sin miedo a que todo se te descontrole jaja. Al final considero que influye mucho con qué estilo te sientes tú más cómodo o cómoda, ¿no?
Para cerrar este comentario me gustaría preguntaros: ¿No os pasa que a veces os veis más cómodas con un enfoque, pero os gustaría tener herramientas del otro?
¡Qué interesante vuestra reflexión! Estoy totalmente de acuerdo con vosotras en que lo ideal es encontrar un equilibrio entre ambos enfoques. Creo que ninguna metodología debe menospreciarse, ya que cada una tiene sus fortalezas y puede ser muy efectiva dependiendo del grupo, del momento o del contenido que se esté trabajando. Coincido en que a veces se idealiza demasiado lo lúdico y lo dinámico, como si fuera sinónimo de “buena clase”, pero luego te das cuenta de que también conlleva ciertos retos.
ResponderEliminarLas clases más activas motivan mucho al alumnado y fomentan su participación, mientras que las más estructuradas permiten avanzar con claridad y mantener un ritmo constante.
Algo que también he notado mucho, es que, después del recreo, cuesta mucho más mantener la atención porque vienen revolucionados. Por ello, en mi cole hacen relajación en todos los cursos. Los docentes, independientemente del ciclo, les ponen música cuando vuelven del recreo para que se calmen, aunque los alumnos de tercer ciclo pasan completamente, son muy pocos los que consiguen relajarse. ¿Vuestro cole sigue alguna técnica de relajación para estas situaciones?
Yo también siento que estamos aprendiendo a enseñar de formas nuevas, y que al principio da un poco de vértigo salir de lo “seguro”. A mí me gustaría sentirme más cómoda en propuestas más activas, pero sin perder el norte con los objetivos y la organización.
¡Gracias por compartir vuestra opinión! Me ha hecho reflexionar aún más.